martes, 3 de marzo de 2009

CONFLICTOS DE PAREJA


Lola está enfada porque ha llegado a casa de un viaje de trabajo y está todo patas arriba. Cuando llega Juan, su pareja, le dice: “Juan, ¿porqué eres tan desconsiderado? Llego de viaje y esto parece una pocilga. Eres un egoísta” y es probable que también le dijera: “y un cerdo”.
Ella se queja porque Juan nunca recoge nada y nunca limpia y le toca hacerlo todo a ella pese a que se lo recrimina todo el tiempo. Al final se ha convertido en una malhumorada ya que esta historia se repite con frecuencia. Juan no suele decir mucho, sólo se pone a la defensiva y da excusas de todo tipo que aún enfurecen más a Lola. Lola se ve como una madre y se le quitan las ganas de hacer el amor con Juan, ya que lo ve como un niño inmaduro.
¿Cuál es el problema en esta relación? Según John M. Gottman, autor de Siete Reglas de Oro para Vivir en Pareja, el problema está en la manera de comunicarse, y es que las bases de manejar con efectividad cualquier problema de pareja es el mismo: comunicar a tu pareja que lo aceptas tal y como es. Para cualquier persona es imposible seguir un consejo de una persona por la que no se siente aceptado. Así, la norma básica es, antes de recriminarle a tu pareja que no ha hecho algo bien tienes que transmitirle comprensión. Si uno de los dos miembros de la pareja se siente menospreciado, juzgado o rechazado, o sencillamente siente que no le entienden, los problemas de esa pareja no se pueden resolver.
Por ejemplo, en vez de llegar e inmediatamente llamarle desconsiderado, Lola podría decirle algo así como “Juan, cuánto me alegro de estar en casa y de verte, ya sé que tú también estás muy ocupado, pero la próxima vez que venga de viaje, ¿podrías recoger un poco para que no esté todo tan desordenado? Ya sabes que me genera mucho estrés verlo todo patas arriba, ¿podrías hacer eso por mí?”
Ya sé que eso suena difícil, pero, según Gottman merece la pena el esfuerzo ya que es la única fórmula que funciona y si lo que queremos es obtener un resultado no queda más remedio. De esta manera Lola está mencionado el problema y cómo se siente ella frente a ese problema, no está apuntando las faltas de Juan que es loq ue hizo al llamarle desconsiderado y egoísta en el primer ejemplo. Si tú hablas de ti mismo y de cómo te sientes es mucho más probable que la otra persona te escuche y reaccione. Por el contrario, nadie es capaz de cambiar si se sienten criticados y despreciados.
Generalmente cuando esto pasa, con frecuencia los hombres se encierran en sí mismos y eso todavía causa más irritabilidad en las mujeres, que suben el tono y la historia se convierte en el cuento de nunca acabar, hasta que uno se cansa, y la pareja se acaba deteriorando de tal manera que se rompe.
Gottman ofrece en su libro muchísimos consejos, algunos obvios, pero con frecuencia olvidamos, como evitar el sarcasmo en la discusiones, o comenzar la conversación con algo positivo, para evitar que la otra persona se ponga a la defensiva. Otros consejos son quejarse sin culpar, describir lo que pasa sin juzgar o criticar, ser claro, y muy importante es ser educado. No podemos tratar a nuestra pareja con desdén y grosería. Por ejemplo, si nos pide prestado el coche y le hace un arañazo, saber que no lo ha hecho a propósito, no tratarlo peor de lo que trataríamos a un amigo o a un colega de trabajo. Es importante también escuchar con atención lo que la otra persona dice y si vemos que empezamos a encolerizarnos no seguir, tomar una pausa y tratar de relajarnos en solitario. No se puede tener una conversación normal si estamos enfadados o llenos de estrés. Ser tolerante con las faltas y los defectos de la pareja aunque pensemos (o sepamos) que tenemos razón.
También hay que aceptar que hay problemas que no tienen solución y estar dispuestos a vivir con ellos y a negociar.
Gottman explica que una pareja feliz no es necesariamente la que no discute, de hecho, dice, discutir es importante porque siempre hay cosas que no se ven de la misma manera, pero es la manera en que nos comunicamos lo que marca la diferencia.
Así, la próxima vez que queramos quejarnos de algo, pongamos las cosas en perspectiva y aprendamos a comunicarnos. Gottman es famoso porque puede predecir con índice de acierto enorme si una pareja se va a terminar divorciando o no sólo por observarlos discutir durante menos de tres minutos. Esto nos da una idea de la importancia que la comunicación tiene en la pareja.

viernes, 23 de enero de 2009

CÓMO VER EL LADO POSITIVO


Ayer me pusieron una multa. Llevaba toda la semana planeando la noche en la que finalmente iba a salir con mis amigas a cenar y a ver a un músico que me encanta y cuando estaba llegando, yo, que nunca me salto ningún semáforo, aceleré cuando vi que estaba naranja y en cuanto me di cuenta ya tenía un policía con las luces detrás de mí. Total, la broma me va a salir por unos 400 dólares más la escuela de tráfico a la que tendré que ir.
Por supuesto que poco pude disfrutar la noche y cuando llegué a casa no dejaba de torturarme. Así que esta mañana me he propuesto encontrar el lado bueno a lo de la multa.
Y me quedo en blanco… hasta que pensando y pensando se me ocurre que esto me tiene que servir como aprendizaje, no de que no me tenga que saltar más semáforos, ya que paro en naranja el 99% de las veces, (a partir de ahora el 100%) sino como ejercicio para dejar de martirizarme.
En las dos últimas semanas tres personas distintas que no tienen nada que ver entre ellas me han comentado que soy muy dura conmigo misma. Así que ahora sí que tengo una verdadera razón para martirizarme y un ejercicio perfecto para transformar mis pensamientos. Tengo que hablarme como si fuera mi amiga, no mi enemiga.
Primero, en vez de pensar qué idiota, porqué aceleré, tengo que pensar que tengo que aprender a salir antes de casa para no ir con prisas (otro aprendizaje) y que menos mal que eso no lo hago casi nunca, si no, me hubieran puesto la multa mucho antes.
Luego, ¿qué más me diría si fuera mi amiga? Me diría que no es tan grave, que eso le pasa a mucha gente y son gastos imprevistos que ya veré cómo lo pago cuando llegue el momento y que no por darle tantas vueltas va mejorar la cosa. Recurriría a mi frase favorita de toda la historia del cine “ya pensaré en eso mañana” (Scarlett O'Hara).
Luego si estuviera con una amiga me reiría de cómo nos persiguió el policía a velocidad de tortuga porque no había sitio para parar y yo no quería infringir otra ley y parar en el carril-bus. Así que otra cosa que tengo que aprender a hacer es buscarle el punto de humor al asunto.
Ya me siento muchísimo mejor, y esto es la prueba de que escribir las cosas tiene un poder curativo enorme, porque cuando comencé este texto estaba totalmente amargada y ahora me parece una cosa casi anecdótica. Ahora puedo ver que el lado bueno es que lo que me ha pasado me ha servido para observar una tendencia que no me gusta de mí, que es lo de autocriticarme y ser dura conmigo misma, cuando eso no lo hago con nadie más (menos mal).
Con esto, el ejercicio que propongo cuando no logremos ver a una cosa el lado positivo es pensar no en lo que nos ha pasado, sino en nuestra reacción ¿Qué nos está enseñando sobre nosotros mismos nuestra reacción? ¿Qué nos gustaría cambiar de esa reacción? ¿Nos estamos tratando con el respeto que merecemos y con el que trataríamos a nuestro mejor amigo? Prueba a escribir lo que te pasa.

jueves, 22 de enero de 2009

La zona de confort


La primera vez que leí la expresión “zona de confort” fue en un libro de Paulo Coelho, llamado El Zahir, y me encantó. Desde entonces he oído mucho esa expresión y he tratado de extender esa “zona de confort” en la que todos terminamos cómodamente instalados. Lo malo es que si seguimos en esta zona no crecemos ni nos expandimos.
Extender la zona de confort resulta mucho más difícil de lo que parece ya que a nadie el gusta estar incómodo pudiendo no estarlo. Pero para mejorar siempre hay que salir de esa zona, si no, no existe la evolución. Y para romperla con efectividad hay que identificarla primero. ¿Cuál sería mi zona de confort en cada área?
Con frecuencia no nos paramos a identificar las zonas porque no queremos verlas, no creemos que estemos en una zona de confort cuando en realidad sí estamos. Ya identificándolo nos sentimos incómodos.
Por ejemplo, un trabajo que nos disgusta. En principio no tiene nada de confort, y sin embargo lo toleramos sin darnos cuenta que lo que verdaderamente significa salir de la zona es romper los miedos. Todo aquello que toleramos y nos disgusta lo toleramos precisamente por miedo a romper la zona de confort, por miedo a entrar en lo desconocido. Vemos mucha gente que se queja del trabajo, pero, ¿por qué no lo dejan? Porque eso sería salir de la zona de confort.
El “más vale malo conocido que bueno por conocer” es un refrán demasiado arraigado en nuestro inconsciente y nos paraliza a la hora de dar el salto. Pasa lo mismo con muchas parejas, uno se queja del otro, y sin embargo no se dejan. Quejarse es mucho más cómodo.
Y por ello precisamente, cuando nos despiden o la pareja nos abandona, lo que parece una desgracia originalmente es siempre un empujón de la vida fuera de la zona de confort y lo podemos convertir en una oportunidad para crecer.
Para ir practicando cómo salir de la zona de confort hay un ejercicio buenísimo, es hacer algo que nos haga salir de nuestra zona de confort diariamente. Por ejemplo. Pedir un aumento de sueldo. ¿Nos da un escalofrío sólo de pensarlo? Siempre se puede empezar por algo más fácil, como ponerte un gorro que te encante pero te dé vergüenza, incluso cambiar una rutina supone salir de la zona de confort. Atreverse a hacer algo que nos dé miedo. Psicológicamente, si cada día rompemos la rutina o nos atrevemos a hacer algo nuevo, poco a poco estaremos ampliando esa zona de confort que tanto nos limita.